jueves, 30 de julio de 2015

La Isla Olvidada en el Tiempo (Parte 4)

Por Matías Alberdi, 1° "B"


4



Estuvimos en la isla durante un mes a la espera de rescate. Montamos un campamento y exploramos la isla en busca de alguna alternativa para huir. Advertimos entonces que la isla estaba habitada por criaturas prehistóricas.

Para la tercera semana se habían agotado mis provisiones, no había comida y escaseaban las municiones.
En ese tiempo hubo más bajas: el soldado herido murió por una infección generalizada que su cuerpo no soportó, otro murió una noche tras ser picado por un mosquito gigante, otro se fue a explorar y nunca volvió, y a todas esas víctimas se le sumó un soldado que sufrió el ataque de un pterodáctilo.
Quedamos sólo cinco. Uno de los soldados, de nombre Frank, un día enloqueció. Se hizo de todas las provisiones y me disparó- al interponerme- en una pierna. Se perdió por unos segundos entre los arbustos y de golpe, junto con Scott, Evans y otro soldado de nombre Philip, lo vimos aparecer gritando tratando de alejarse a la carrera de algo enorme que lo alcanzó y lo decapitó. Era una mantis del tamaño de un árbol.




Huimos a toda velocidad hasta llegar a un precipicio, entonces tomé una ametralladora y le disparé a la bestia en las patas traseras hasta que se le cayeron. Desesperada, con las pinzas de sus patas delanteras golpeó la tierra hasta romper un pedazo de suelo. Cayó pesadamente al océano y fue devorada por dinosaurios marinos.
Al día siguiente, con las primeras luces del alba, escuchamos un fuerte ruido de motor y de golpe vimos un avión que aterrizaba a media distancia. Nos acercamos a toda prisa y el piloto nos dijo que había sido enviado por el Gral. Brown para rescatarnos. En medio de la conversación se escuchó un fuerte rugido, nos volteamos y ahí estaba: un tiranosaurio rex que venía raudamente hacia nosotros. A toda prisa el piloto puso en marcha el avión para despegar y tuvimos que seguirlo a la carrera; Scott y Philip subieron de un salto y junto con Evans, que todavía corría a la par de la nave, me ayudaron a subir ya que la herida de mi pierna impedía que lo hiciera por mis propios medios. Evans se atrasó y fue alcanzado por el tiranosaurio que lo mató de una sola estocada y lo devoró completamente. El avión ganó altura y pudimos escapar a salvo. Así fue como terminé en el hospital.
Mis heridas están sanando, pero es imborrable el recuerdo de la historia que aquí les narro, mi horrible estadía en esa isla maldita, tanto como el profundo dolor provocado por las pérdidas sufridas y por no poder cumplir la misión de rescate de aquel soldado que seguramente ya no está entre nosotros.