viernes, 11 de mayo de 2018

Laberinto al fin

Por Valentín Coletta, 1° "B"

      Gabe se despertó. Se vistió para ir al trabajo y vio las noticias antes de irse de su casa. Luego fue al garaje, encendió el auto y emprendió el viaje hacia la oficina.
      Antes de entrar en la oficina, se encontró con un amigo que le habló un rato sobre tareas pendientes. Luego de un día normal, como cualquier otro, Gabe volvió a su casa. Era el día veinte de Diciembre y sola faltaban cuatro días para "noche buena". Los días por aquella zona ya eran fríos y nevaba en ciertas ocasiones. Antes de entrar, encontró una nota colgada en la puerta. Aquella, escrita por su esposa, le anunciaba su ausencia, debida a la urgente necesitad de comprar los regalos para Navidad. Gabe le prestó la mínima atención que se merecía y acto seguido, entró a su casa.
      La casa parecía vacía, pero había ruidos inusuales en la habitación del segundo piso. Extrañado, decidió investigar, provocando la menor cantidad de ruido posible. Para su sorpresa, se encontró con la ventana del comedor rota y al darse vuelta, se encontró con un hombre que, sin dudarlo un instante, le disparó. Gabe se desplomó frente a sus ojos. El hombre revisó el cuerpo del presunto difunto y efectivamente, ningún signo vital podía reconocerse en este. El asesino, sobresaltado por la situación y a bien de no dejar más evidencias y llamar la atención de los vecinos, huyó de la escena del crimen.
      Minutos más tarde, Gabe se despertó. Pensó: "Estoy en el infierno, estoy muerto. Estoy loco.".Frente a él, había una construcción gigante hecha de piedra con una inmensa puerta que parecía ser alguna entrada hacia algún lugar en especial. Aquella entrada estaba protegida por un guardián. Era una clase de grifo azulado, verde, con forma de dragón con largos cuernos y unos extraños ojos amarillos que iluminaban a aquel que veían. En la zona había un peculiar cielo morado que estaba siendo levemente iluminado por una estrella azul. Todo aquello era nuevo para Gabe.  Sentía su cuerpo extraño, como si algo lo golpeara contra su pecho y como si tuviera un nudo en la garganta. Pero sobre todas las cosas, sentía mucho frío.
       Decidió avanzar hasta aquella extraña puerta. Gabe no comprendía nada y cada segundo que pasaba acrecentaba su incomprensión, al límite de hacerle perder la cordura. Él solo quería volver a lo que denominada "mundo real". Pero no encontró más opción que hablar con ese extraño ser que cuidaba la puerta. Se decía a sí mismo: "¿Qué es esto?¿Es real o solo estoy soñando?¿Qué...?, pero sus reflexiones se vieron interrumpidas por el guardián de la puerta, quien lo obligó a hacer silencio para decirle las siguientes palabras:
       -No necesitas información. Esto es el fin. Al pasar esta puerta, la cual estás obligado a atravesar, entrarás en un laberinto inimaginablemente grande. Pero hay tres posibilidades para tu destino: las primeras dos opciones consisten en dos grandes puertas. Las mismas se encuentran escondidas en el laberinto. Mientras que una te lleva al cielo, la otra te lleva al infierno. La tercera y última opción es la más improbable de todas. Consiste en encontrar el libro que contiene todos los nombres de las personas que estuvieron aquí y entre ellos, deberás buscar tu nombre y recortar la hoja que lo lleva escrito. Aquella acción provocará que vuelvas de donde vienes y nunca jamás recordarás haber estado aquí. Es importante saber que cuando vuelvas, puede que tu "realidad" sufra alteraciones. Ya puede entrar al laberinto.
       Gabe, un tanto desconcertado, pero decidido, entró y se encontró con el tan intrigante laberinto. En su cabeza, únicamente se debatía sobre el grado de realidad que podía llegar a tener todo eso ¿sería muy complicado en reto?, pero de todos modos avanzó, tenía que encontrar la salida. Avanzados unos metros, se encontró con alguien, de quien Gabe llegó a pensar que podía ser el guía en aquel mundo desconocido. Pero solo se trataba de un ser atemorizante y extraño, y Gabe llegó a pensar que lo obligaría a caminar sin fin, torturándolo hasta encontrar una supuesta salida, sin descanso.
      Quién sabe cuánto estuvo Gabe allí, caminando sin fin, una cantidad de tiempo que ni el concepto de "infinito" podría llegar a describir. Cuanto más avanzaba, más sentía el dolor por todo su cuerpo. Abstraído en sus pensamientos de pena y frustración, repentinamente se tropezó. Miró hacia bajo y observó que aquello que había provocado su tropiezo era un libro. "¿Acaso se tratará del libro que pueda devolverme a caminar en mi tierra natal?", pensó esperanzando. Buscó desesperadamente su nombre y por fortuna lo encontró y lo recortó, tal y como le había dictado el guardián.
      Apenas había comenzado a llorar de felicidad, cuando de la nada, súbitamente sus ojos se cerraron, involutariamente.
      Gabe se despertó en su cama: había vuelto. Y tal y como le había indicado el guardián, todo era común y cotidiano para él, jamás recordaría nada de lo acaecido. Tampoco se sorprendió que otra vez fuese el día veinte de Diciembre y que como la lógica dicta, faltaran cuatro días para "noche buena". Pero la más extraño fue cuando al día siguiente, el calendario marcaba nuevamente veinte de Diciembre y no veintiuno. Sucesivamente  los días pasaron, sucesivamente el calendario marcó veinte de Diciembre. Quién sabe cuántas veces más habrá Gabe viajado a ese mundo y atravesad el mismo periplo, al punto de haber alterado tanto su realidad.

FIN